Sigo la trayectoria de Victoria como escritora desde sus inicios hace cerca de 30 años, aunque no de manera sistemática ni oportuna como debería ser. No siempre leo sus textos apenas salen porque suelen ser explosivos y obligan a pensar, a encararse con una misma respecto de lo que está en la historia o en los asuntos dichos, y también dejan algunas tareas: como ir a otros autores, porque son parte del entramado de su escritura. Y si una no tiene cultura literaria suficiente, puede pasar la ola pero se queda con la idea de que hay algo más, una capa más de literatura si uno conoce los textos aludidos o los contextos de esos otros escritores.
Victoria escribió *Corazón de perra* cuando aún no nos habíamos enterado de los peruanos que no conseguían trabajo decente en Lima y que viajaron a Rusia engañados con una oferta laboral bien pagada entre comillas y han terminado combatiendo en la guerra contra Ucrania.
La novela es acerca de una poeta (al parecer peruana) retenida en Rusia con engaños o contra su voluntad, que es usada como ratón de laboratorio, conejilla de indias, como un cuerpo en el que un supuesto médico ruso y sus asistentes experimentan tratamientos oncológicos u otros. Es decir, el personaje es una víctima de trata, igual que esos peruanos cuyas familias van una vez al mes a la Cancillería a reclamar que los ayuden a regresar desde el frente de guerra. La literatura a veces es un anuncio de lo que viene.
La denuncia de las consecuencias del capitalismo, el alerta ante la muerte -o la reafirmación de la vida, es decir, no se olviden de vivir-, la maldición de tener una enfermedad en un país que ha tercerizado/privatizado la salud y la educación para que el servicio público sea duro, deficiente y con rasgos de corrupción, son algunos de los asuntos persistentes en sus libros. También el feminismo, los eventos globales que dan sentido a ciertas épocas y ciertas luchas, la condición de sentirse o ser otro distinto como migrante o como viajera. Y las referencias a ciudades y a los viajes como situaciones de transición o de bisagra a otra cosa.
Este relato es sumamente o dolorosamente contemporáneo por muchos motivos. La poeta que cae en esa red de trata en Rusia, es también vigilada a lo lejos por una estadounidense que de alguna forma se ofrece como alternativa para cruzar el muro de la vigilancia médica rusa. Y el Perú es objeto de disputa de las potencias en este tiempo. Revisen por ejemplo los tuits del embajador estadounidense en el Perú y la embajada china.
Es un thriller, es un relato de una escritora de la generación de los 90 -está la alusión importante a qué causó haber crecido en medio de la violencia del período 1980-2000-, es un libro para leer en el micro, para un viaje, un libro para llenarlo de anotaciones y post-its al lado, que deriven en conversaciones internas o búsquedas colectivas, literarias, sociales o políticas.
Victoria no ha parado de viajar
No ha parado de escribir y publicar
No ha parado de editar libros de otros autores y autoras
Continúa la docencia, el intercambio literario en viajes y ferias
Y siempre está en movilizaciones ciudadanas de derechos humanos, o que buscan resultados justos en una elección o alguna otra materia política de fondo.
En *Corazón de perra*, aparte del personaje principal, la mujer que llega a Europa desde el país P, hay otros personajes mujeres, buenas y malas. Un personaje colectivo es interesante, un grupo de ex pacientes de cáncer de mama que viven sin reconstrucción de senos. Viven organizadas en comunidad y se llaman Frente Feminista Cyborg.
En varios de sus textos, los animales conversan con los humanos, los humanos tienen rasgos de animales, los humanos confían sus emociones a los animales. Así como los viajes pueden ser bisagras en la vida y en los relatos, en la obra de Victoria, son centrales los seres sintientes como instancias de la creación literaria, en situaciones que llevan al lector a (des)ubicarse en un género literario. Así como hay claves feministas o anticapitalistas en sus textos, creo que la inclusión de personajes animales (no necesariamente mascotas, sino personajes) son voz del movimiento animalista: un grito contra la expansión y la normalización de la crueldad, y un llamado a favor de quienes dan mucho a cambio de un tiempo y cuidado.
Las exploraciones sobre ser mujer en un país machista, ser letrada en una sociedad que valora principalmente el dinero o el capital, y acerca de la poesía o la escritura como una herramienta para lidiar con cualquier tensión del mundo cruel son algunos de los sellos de la obra de Victoria. También la importancia de la amistad y de las redes (humanas) de apoyo.
Estos elementos están también en este relato muy bien construido, un buen fruto que deja una impresión fuerte de lo contemporáneo, pero con la vista en el retrovisor y en lo que está por llegar.
Felicitaciones, Vicky, por esta nueva novela. Recomiendo que la sigan leyendo.
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